«Es difícil imaginar cuánto podría beneficiar la IA a nivel humano a la sociedad, y es igualmente difícil imaginar cuánto podría dañar a la sociedad si se construye o se utiliza incorrectamente» – OpenAI
Tras OpenAI existe una historia fascinante y un enorme compromiso con la humanidad. En sus comienzos, muchos expertos en la IA y el Aprendizaje Automático vieron en esta organización un rayo de esperanza para un mundo, donde la investigación cada vez es más privatizada y enfocada en generar ganancias a corto plazo.
Hoy encuentras a OpenAI en San Francisco, California, en la intersección de la calle 18 y Folsom. Exactamente, en un edificio histórico cuyo exterior parece más un misterioso almacén que una Startup que mantiene su propósito de crear la Inteligencia Artificial General AGI, que iguala la inteligencia del ser humano.
Pero ¿sabes cómo comenzó todo? OpenAI nació durante una cena.
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La creación de la idea: una cena clave
Múltiples personalidades del área tecnológica (investigadores, inversores, científicos, etc.), se reunieron una noche a cenar en el restaurante del Hotel Rosewood, en California. Entre las principales figuras estuvieron Sam Altman, Greg Brockman, Ilya Sutskever y Elon Musk.
Cada uno llegó con sus propias ideas y tuvieron una gran conversación. ¡Vaya, qué conversación!
Musk y Altman tenían una propuesta clara de cómo desarrollar la Inteligencia Artificial de forma ética y con gran beneficio para la humanidad, desarrollando de manera intensiva esta tecnología y compartiendo los beneficios de manera equitativa con el mundo.
Todos de acuerdo, la reunión se centró en buscar un tipo de empresa que garantizara este objetivo, el de priorizar el beneficio común en lugar de los propios intereses. Así, se decidió crear una organización sin fines de lucro.
Poco a poco fueron gestando un equipo y contratando importantes investigadores que se unieron a la causa. Profesionales a los que les atrajo la naturaleza de OpenAI, porque desde sus inicios combinó la libertad de investigación con el respaldo de una fuerte financiación.
El comienzo
OpenAI entró al ruedo el día 11 de diciembre de 2015. No sólo llegó pisando fuerte, también mostró una carta de presentación impactante, “la compañía comenzaría con la moderada suma de 1.000 millones de dólares”. ¿Quiénes eran sus inversores privados? Una lista llena de luminarias del campo tecnológico, entre las que se encontraban Sam Altman, Musk y Peter Thiel (cofundador de PayPal).
Además, OpenAl comenzó con un equipo de empleados asombroso, tanto que provocó un revuelo mediático. Por ejemplo, Ilya Sutskever, discípulo del gran Geoffrey Hinton, pionero de la IA, dirigía la investigación. Mientras Greg Brockman, quien llegó a ser CTO de la reconocida compañía de pagos online, Stripe, ejercería también de director de tecnología.
Aún hubo más sorpresas, la declaración de OpenAI sobre su objetivo principal:
«Ser una empresa de investigación de inteligencia artificial sin fines de lucro, para crear una IA completamente segura que beneficie a toda la humanidad».
Esta connotación, de no tener fines de lucro, le otorgó a OpenAI la libertad de enfocar su investigación de IA en conseguir el mejor impacto positivo en el mundo y de compartir sus descubrimientos.
“… la mejor defensa contra el mal uso de la IA es capacitar al mayor número posible de personas para que tenga IA.” Dijo Musk en diciembre/2015
La llegada del Transformer de Google: la gran decisión
Para continuar con las investigaciones de IA y convertirse en una organización de vanguardia, los costes para OpenAI se incrementaron en otoño del 2018. ¿Por qué? Porque OpenAI vio en la arquitectura Transformer de Google una frontera abierta para el desarrollo infinito de la Inteligencia Artificial.
OpenAI quiso desarrollar grandes modelos de lenguaje basados en esta arquitectura Transformers y alimentarlos con una cantidad de datos verdaderamente enorme. Pero, como todo gran proyecto de investigación, este entrenamiento era una tarea costosa. En este año, Musk también renunció a la junta directiva.
La empresa toma la gran decisión: apostar por los modelos Transformers y desarrollar el modelo de Inteligencia Artificial más ambicioso que se haya emprendido hasta ahora.
¿Y el dinero? OpenAI creó una entidad con fines de lucro (2019) que le sirvió para recaudar el dinero suficiente. Se llamó OpenAI LP.
¿Que si tuvo éxito la decisión de OpenAI? Esta iniciativa fue el origen del modelo GPT, cuya versión posterior da vida al conocido y proclamado ChatGPT.
El equilibrio
En este punto, en el que se había creado una nueva identidad que podía obtener ganancias, era necesario implementar medidas para seguir cumpliendo con los objetivos principales (el de desarrollar la Inteligencia Artificial para el beneficio de toda la humanidad, sin limitarse por generar retorno financiero).
Por lo tanto, OpenAI LP limitó las ganancias de los nuevos inversores (hasta 100 veces su inversión). Incluso, Sam Altman tomó la decisión de no adquirir acciones en esa nueva entidad con fines de lucro.
Además, todo el exceso financiero estaría destinado directamente a la investigación que lleva, hasta el día de hoy, la organización original sin fines de lucro, denominada OpenAI Nonprofit.
Así que, OpenAI sigue centrándose en el desarrollo de la nueva tecnología inteligente para beneficio de la humanidad.
La entrada de Microsoft
Aun cuando el proyecto de OpenAI no estaba creado para obtener ganancias, sí es cierto que necesitaba mucho dinero para continuar el trabajo. Entre los nuevos inversionistas llegó Microsoft para aportar mil millones de dólares y todo el conocimiento de su infraestructura.
Gracias a esta alianza, OpenAI y Microsoft construyeron supercomputadoras para el entrenamiento masivo de modelos de IA. Modelos que dieron origen al poderoso ChatGPT, al generador de imágenes DALL-E y a otros sistemas que están en camino.
Lanzamiento de ChatGPT
Los productos desarrollados por OpenAI son diversos. Desde el año 2016, un año después de su creación, esta organización ha lanzado diversas herramientas tecnológicas impulsadas por la Inteligencia Artificial.
En el 2018, OpenAI propone una técnica para la mejora de los modelos de lenguaje con arquitectura Transformers, mediante el entrenamiento previo generativo (Generative Pre-Training). Así se introduce el modelo GPT (Generative Pre-Trained Transformers).
En el 2019, OpenAI lanzó la versión GPT-2. Al año siguiente, el modelo GPT-3 con capacidades novedosas, puede responder preguntas en lenguaje natural y ayuda directamente al ingenio y a la creatividad humana, en la escritura y la composición de textos.
También está DALL-E, un sistema para la creación de imágenes y arte gráfico, a partir de descripciones. Por supuesto, no podemos dejar de nombrar el producto estrella, ChatGPT, basado en el modelo GPT- 3.5.
Uno de los últimos modelos lanzados ha sido GPT-4, que constituye un enorme avance para la Inteligencia artificial generativa.
La mente tras OpenAI: Sam Altman
Aunque Altman no posee ni una acción de OpenAI, con su rol de CEO en esta startup tecnológica se ganó un puesto importante en la historia.
Altman accedió a su primer ordenador en 1993, con 8 años de edad. Después decidió estudiar informática en la universidad de Stanford. Aunque a los 20 años abandonó las aulas y prefirió lanzarse al mundo empresarial. Le fue bien, con menos de 30 años Forbes lo presentaba como el inversor más destacado en el 2015.
Tuvo un papel más que relevante en Y Combinator, la famosa aceleradora de startups tecnológicas que ha sido la impulsora de organizaciones como Coinbase y Airbnb. Incluso, alcanzó el puesto de presidente de YC Group.
Altman tiene un buen olfato para los negocios y un ímpetu inquebrantable para abrir camino en el mundo de la IA. Sobre ChatGPT dice: «Sólo es un adelanto del progreso; aún tenemos mucho trabajo que hacer…»
En definitiva, OpenAI continúa su trabajo para maximizar el poder de la IA y compartirla con quien desee utilizarla. Al parecer, lo está haciendo bien.
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